Enviado por : Michael Artime 2005-06-23 05:01:00 El más potente de los láser intenta imitar a una bomba
Publicamos la traducción de un artículo aparecido en el Baltimore Sun el pasado 19 de junio del 2005, que ilustra a la perfección las luces y sombras de este controvertido proyecto, popularmente conocido como Súper Láser, que ahora ve amenazada su financiación por el congreso de los EE.UU. El más potente de los láser intenta imitar a una bomba
Por H. Josef Hebert Associated Press Publicado originalmente el 19 de junio de 2005 LIVERMORE, California. - Ed Moses habla del “gran reto” que le mantiene ocupado desde hace 5 años, comparándolo a intentar acertarle al tablero de la canasta con una pelota desde 563 Kms. de distancia, o a encajar una moneda de 10 centavos en la ranura del parquímetro, tirándola desde 64 Kms. “Esa es la precisión que tendremos que alcanzar”, comenta Moses, director de una aventura de física de alta energía encaminada a producir el láser más poderoso del mundo y que, según esperan los científicos, será capaz de crear en el laboratorio la energía que se puede encontrar en el centro del sol. ![]() El viaje durará una milésima de segundo, durante la cual la energía de la luz se amplificará miles de millones de veces para crear un breve pulso de láser 1.000 veces mayor que el poder de generación eléctrica de los Estados Unidos. El objetivo es crear un calor inimaginable – 82,2 millones de grados centígrados – y una intensa presión que llegue de todas las direcciones e incida sobre un pequeño perdigón de hidrógeno, estrujando su tamaño a 1/30 del inicial. Los científicos esperan que el resultado sea la fusión de átomos, de modo que se libere más energía que la producida para alimentar los rayos láser. A este proceso se le conoce como fusión ignición y es lo que sucede cuando una bomba de hidrógeno explota. Hasta el momento 4 láser ya han sido probados. Cuando se complete en el 2008, la Instalación Nacional de Ignición, o abreviado en inglés NIF, que es como se conoce al láser en los Laboratorios Nacionales Lawrence Livermore, empequeñecerá hasta el ridículo a cualquier otro láser fabricado hasta la fecha. Nos proveerá una plataforma para experimentos de física de alta energía y alta densidad, gracias a la cual podremos aprender más acerca de los planetas y estrellas y nos permitirá avanzar en la caza de la esquiva energía de fusión como fuente de energía eléctrica, dice Moses. “Se tiene que pensar en esto como en el Hubble”, comenta, refiriéndose al telescopio espacial. “Es un lugar donde veremos y haremos cosas imposibles de hacer en ninguna otra parte”. Pero el gobierno federal invierte 3.500 millones de dólares, y posiblemente varios miles de millones más, en el NIF por otra razón. Si el NIF consigue la fusión ignición, se habrá conseguido por primera vez simular en un laboratorio las presiones y el calor de una explosión nuclear, lo cual permitirá a los científicos estudiar el rendimiento y preparación del envejecido arsenal nuclear nacional sin la necesidad de detonar algún dispositivo nuclear. Las pruebas nucleares subterráneas en el desierto de Nevada finalizaron en 1992. El láser NIF “es esencial para valorar el rendimiento potencial de las armas nucleares”, comenta el Secretario de Energía Samuel W. Bodman. Según el, los experimentos ayudarán a determinar el efecto del paso de los años sobre las cabezas nucleares, y permitirá asegurar que funcionan del modo esperado en caso de que las necesitemos. ![]() Para muchos partidarios, lo fundamental es que los láser del NIF consigan la fusión ignición. Cuando el senador republicano por Nuevo México Pete V. Domenici, presidente del subcomité del senado que financia el programa NIF, se enteró el año pasado que los experimentos con fusión ignición podían posponerse, le espetó a un científico del Ministerio de Energía: “Nunca hemos pretendido gastar de 5.000 a 6.000 millones de dólares en construir una instalación láser para la investigación civil”. Los funcionarios del Ministerio de Energía dicen ahora que el proyecto marcha según lo previsto, y que se esperan las primeras pruebas con fusión ignición para el 2010. Domenici sigue siendo escéptico. “Es un gasto terrible y un desagüe” para otros programas relacionados con el mantenimiento del arsenal nuclear, comentó Domenici en una entrevista. “Van a tener que demostrar que puede hacer ese trabajo”. Para algunas personas, la fusión ignición “se ha convertido en la foto publicitaria perfecta para ilustrar la utilidad del NIF” y esto no debería ser así, rebate George Miller, director del proyecto y antiguo diseñador y probador de armas nucleares. Según él, existen muchos otros experimentos en los que el NIF brindaría una gran ayuda a los científicos especialistas en armamento nuclear. El programa NIF ha tenido una década de historia turbulenta marcada por éxitos estimulantes y contratiempos embarazosos, grandes excesos en los presupuestos y acusaciones de que el proyecto había sido anunciado con un entusiasmo excesivo desde el principio para ganar apoyos en el Congreso. Cuando surgió la idea de un Nuevo súper láser a principios de los 90, el coste se situaba por debajo de los 700 millones de dólares. Cuando comenzaron a construirlo en 1997, el precio había aumentado hasta 2.100 millones de dólares y se esperaba su finalización en 2004; tres años más tarde ha ascendido a los 3.300 millones y la fecha de conclusión se ha retrasado cuatro años. Los críticos dicen que el precio subirá a los 5.000 millones de dólares cuando se incluyan los gastos asociados del desarrollo de una cápsula diana capaz de alcanzar la fusión ignición. “¿Si el Congreso hubiese sabido que se enfrentaban a un proyecto que costaría 5.000 millones de dólares lo habrían financiado? De ningún modo”, dice Christopher Paine, que inspecciona el desarrollo del NIF para el Consejo de Defensa de Recursos Naturales, un grupo de apoyo medioambiental, y que es uno de los más severos críticos del proyecto. Paine, que durante una crítica llamó al NIF “el láser indeseable”, mantiene que el proyecto debería descartarse. Cree que no es necesario y que dispara el riesgo de proliferación nuclear ya que podría facilitar, durante las décadas venideras, el desarrollo de nuevas armas nucleares y no solo el mantenimiento de las existentes. Los JASON, un grupo de científicos cuya presencia se reclama frecuentemente para revisar asuntos complejos relacionados con la defensa o la seguridad nacional, han llegado a la conclusión que el NIF “no representa un riesgo importante de proliferación” y que es “completamente compatible” con los objetivos de no proliferación de los EE.UU. Aún así, un informe reciente de la Junta Directiva de Ciencia y Defensa, que asesora al Pentágono, exigió más apertura en cuanto a las actividades del NIF y que se mezclaran experimentos civiles y de defensa para disipar las preocupaciones de la opinión pública acerca de los propósitos del láser. La cuestión de la apertura ya ha sido tratada con anterioridad. Los críticos del programa acusan a los funcionarios de los laboratorios Livermore de haber infravalorado a propósito, desde el principio, las capacidades del NIF y los costes potenciales. Hoy en día los que apoyan el programa reconocen que cuando se vendió al congreso la importancia del NIF por su habilidad para simular explosiones nucleares, los científicos solo estaban seguros a medias, como mucho, de su capacidad para lograr la fusión ignición. Tres años antes de que comenzase la construcción del NIF, los auditores del congreso concluyeron en un informe del año 2.000: “El congreso no puede saber con seguridad cuanto costará el NIF… que impacto tendrá en el conjunto de programas sobre armas nucleares, o cuanto tiempo tardará en concluirse”. Este y otros informes fueron provocados por el descubrimiento de que en 1999 los ingenieros habían encontrado un serio problema instalando la óptica de los láser, suceso que fue tapado para evitar que los funcionarios del Ministerio de Energía y del Congreso lo conocieran. Brevemente, digamos que no podían mantener las ópticas libres del polvo. Solventar el problema habría supuesto añadir un extra de 350 millones de dólares a los costos del proyecto. Incluso cuando los ingenieros se tiraban de los pelos buscando una solución, los funcionarios de Livermore seguían diciéndole al entonces Secretario de Energía Bill Richardson que el programa seguía su calendario dentro de los presupuestos. “Recuerdo haberme quedado atónito”, dijo Richardson en una entrevista. “Había estado visitando las instalaciones apenas un mes antes, y allí declararon y me hablaron del NIF como de una visión del futuro”. Y el director del proyecto NIF simplemente tuvo que dimitir una vez que se descubrió que jamás había completado su tesis doctoral y que una sarta de revisores del exterior había sido incapaz de identificar ningún defecto en el proyecto. “El problema era que la gente que teníamos haciendo esto no apreciaba la escala de lo que estaban intentando hacer”, dice Moses, ingeniero en láser y durante largo tiempo director en Livermore, que fue nombrado líder del programa NIF a finales de 1999. Según Moses, aquellos que habían tenido la visión del NIF descubrieron, una vez que se pusieron a construirlo, que era mucho más complicado. Más información (en inglés) en http://www.llnl.gov/nif/ Traducido por Miguel Artime para: ![]() |
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