La voz de la razón: revelando el engaño del Código da Vinci

Por el 2 de octubre de 2003 | 12:00 am

La voz de la razón: Revelando el engaño del Código da Vinci

Por Joe Nickell
Extraído del Skeptical Inquirer
publlicado: 24 Mayo 2005
06:32 am ET

El bestseller récord de ventas de Dan Brown, El Código Da Vinci (publicado en 2004) ha renovado el interés en la búsqueda del Santo Grial, adaptando la leyenda medieval a un público que a menudo se atiborra con una dieta a base de pseudociencia, pseudohistoria y fantasía.

Desafortunadamente, el libro se basa en gran medida en documentos falsos y obscuros, que ahora han conseguido engañar a millones de personas.

El cuento de aventuras comienza con la policía de París convocando a Robert Langdom, una especie de Indiana Jones, en el Louvre para que observe el cadáver del conservador Jacques Saunier. Este último ha sido asesinado en circunstancias extrañas. Pronto, Langdon y la hermosa criptóloga Sophie Neveau guían a los lectores hacia un tesoro a través de una caza trepidante que recorre Francia e Inglaterra, impulsada por una serie de pistas y rompecabezas. A lo largo del camino, la pareja busca la “verdad” escondida que desafía a la corriente dominante de la cristiandad. Brown recurre en gran medida al bestseller de 1982 “El Enigma Sagrado” escrito por Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln (1996), siendo Lincoln el autor conceptual.

La novela de Brown se basa en una teoría conspirativa que atañe a Jesús y María Magdalena. Supuestamente la vieja palabra francesa sangreal no debe explicarse como san greal (“santo grial”) sino como sang real (“sangre real”). Aunque este concepto no fue corriente antes de la edad media, El Enigma Sagrado argumenta que Jesús se casó con María Magdalena, con quien tuvo un niño, e incluso que podría haber sobrevivido a la crucifixión. El hijo de Jesús, como afirma el libro “no ficticio”, comienza de ese modo una línea sanguínea que conduce a la dinastía Merovingia, una sucesión de reyes que gobernaron lo que hoy es Francia desde el 481 al 751 d.C.

Supuestamente, encuentran evidencias del santo grial en un tesoro oculto consistente en documentos en pergamino, descubierto por Bérenger Saunière, el cura de Rennes-le-Château en los Pirineos. El secreto ha sido mantenido por una sociedad sombría conocida como el Priorato de Sión, que se remonta a la era de los caballeros templarios, y entre cuyos pasados “Grandes Maestros” encontramos a Leonardo da Vinci, Isaac Newton y Victor Hugo.

Brown aprovecha para Leonardo (tomando prestado de “El Código Secreto de Leonardo Da Vinci”) el capítulo primero de otro trabajo de pseudohistoria titulado “La Revelación de los Templarios”. Esta última obra fue co-escrita por los “investigadores” Lynn Pucknett y Clive Prince, cuyas previas incursiones en el disparate consistieron en afirmar que Leonardo había creado el Sudario de Turín; ¡aún cuando esa falsificación apareció casi un siglo antes de que el gran artista e ingenioso genio naciera!

Entre las “revelaciones” de Picknett y Prince, adoptadas por Dan Brown en el Código Da Vinci, figura la afirmación de que el fresco de Leonardo, La Última Cena, contiene un simbolismo oculto relativo al secreto de la sangre real. Por ejemplo afirman, que San Juan en la pintura (sentado a la derecha de Jesús) es en realidad una mujer – ¡María Magdalena! – y que la forma compuesta por María y Jesús es una “M gigante y despatarrada” lo cual supuestamente confirma la interpretación. Al repetir esta tontería, Brown provoca críticas que apuntan a que sus caracterizaciones revelan ignorancia acerca de la materia.

Desgraciadamente, todo el entramado que sustenta al Código Da Vinci – el tesoro de pergaminos “descubierto” en Rennes-le-Château, relacionado con el presunto Priorato de Sión – forma parte de un engaño perpetrado por un hombre llamado Pierre Plantard. Este caballero, encargó a un amigo que crease unos pergaminos falsificados que luego Plantard usó para inventarse la falaz historia del priorato en 1956. (Véase El Engaño Da Vinci de Carl E. Olson y Sandra Miesel, escrito en 2004).

Por supuesto Dan Brown – lo mismo que los autores de El Enigma Sagrado y La Revelación de los Templarios – fue también timado por el engaño del Priorato de Sión, y a su vez se la endilgó a sus lectores. Pero aparentemente no está arrepentido, y sus defensores señalan que El Código Da Vinci es, después de todo, una ficción, aunque al principio de la novela el autor afirma que está basada en hechos reales. Mientras tanto, a pesar de las evidencias devastadoramente negativas, la manía por El Código Da Vinci continúa. Tal vez Dan Brown debería seguir con su propia búsqueda; la de la verdad.


Joe Nickell es Miembro y Alto Investigador del Comité para la Investigación Científica de Afirmaciones Paranormales, y responsable de la columna “Investigative Files” para la organización de la revista científica, Skeptical Inquirirer.

Fuente noticia: Live Science

Traducido por Miguel Artime para

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